domingo, 23 de julio de 2017

Las fotos concéntricas




Entro a la tienda, donde se exponen y venden las cocinas y otros productos, y me asaltan las imágenes colgadas en la pared, que han viajado desde el Bar Sin Fronteras, la Floristería Igualdad, Sin Fronteras Records Reggae & Sound System.

La fotografía de Fidel me transporta a aquella primera noche en la Puebla de Alfinden, con Marigel, mientras de fondo suenan los sonidos de los tambores de Makumba: Lamine, Sebastián, Bamba, y «uno» que decía ser el mánager, y que si le pregunto hoy aún dirá que el concierto fue en Farlete. Cuantas conversaciones y momentos después, aprendiendo, fascinados por esta cultura tan extraña... para nosotros.


Hago foto a la foto, recordando ese viaje de retorno tras muchos años a sus orígenes, juntos los dos. Todos los miedos de volver a casa.






Está también la foto familiar, ¿Mayo de 2005? en la puerta del bar. Sonreímos con toda la fuerza que tenemos,sabiendo que será la última foto allí y que seguiremos adelante pese a las dificultades.
Despedimos tantos momentos compartidos con tanta gente, lugar de encuentro y alegría, tantas tardes y noches.
No sé si Joan ya se había colado en mi tripita. 















Dabo, en una de sus fotos favoritas, posa en la cascada de Broto. Muy cerca del pueblo que sus hijos nombran como suyo, en el tiempo en que ni imaginaba que un dia llegarían.

Juegos de fotos concéntricas...
 

Guardia

Me hace gracia, y mucha, tener una perrita que se llama "Guardia".
Durante el tiempo que estuvimos en Testayé, Guardia se pasó el tiempo dormitando o tumbada, a la sombrica, cerca de la Escuela Taller, en el huerto. No parecía que si viniera un ladrón iba a darnos mucha seguridad.

Dabo a veces decía que estaba vieja y otras que embarazada. O las dos cosas a la vez. Yo no la veía muy gorda, pero no entiendo de animales (y a veces tampoco de personas).






sábado, 22 de julio de 2017

Hademu




Hademu sigue teniendo el mismo aspecto frágil que esa niña que lloraba hace tres años, cuando le bromeaba diciendo que la iba a llevar en una maleta a un país lleno de chuches. Ella prefería quedarse en su tierra, con su madre, con su familia.

Hademu está rodeada de mujeres fuertes, sé que le transmitirán la energía, las ganas de luchar y de trabajar, la capacidad de resistir en circunstancias difíciles, el emprendimiento.

Hademu me acompañó muchos momentos, aunque me faltaron las palabras para comunicarme con ella.


Momentos de lectura...en el porche


Siempre llevamos revistas. Son una ventana al mundo, llenas de fotos.

Este año no organizamos el viaje de los Prontos y metimos Holas y suplementos del País, revistas con fotos de animales.

Decidimos censurar los Jueves, porque los dibujos son a veces demasiado explícitos....Pero acabamos claudicando ante una conspiración, poco secreta, para que llegaran hasta Testayé.

Allí, cada objeto se convierte casi en un tesoro. Un niño apasionado por el dibujo se llevó algún hermoso libro y revista con imágenes para copiar y disfrutamos con sus dibujos, pero sobre todo con su afición, su interés... 

Mientras seleccionamos dos revistas científicas infantiles para las niñas que tienen más interés en el estudio, que nunca podrán traducir, o regalamos un cómic, a veces nos puede la rabia de la injusticia y la desigualdad.
Hacemos como si nada, pero luego dos palabras, dos miradas, nos bastan para desahogarnos... ¿y resignarnos?

Hablamos mucho de por qué los niños vienen a nuestra casa, las costumbres, la novedad que somos.. la alegría de que vengan y el respeto que muestran cuando les decimos que en ese momento no se puede. Algún ratico de agobio....También en momentos se les echa en falta.

viernes, 21 de julio de 2017

Las buganvillas

En mi primer viaje no podía imaginar que diez años más tarde tendría una casa de colores con buganvillas, árboles y un huerto cerca de mi casa.
Para las bodas, los novios vienen a hacerse fotos. Me ilusiona, sobre todo si son parejas jóvenes, que se gustan.
A mi me gusta hacerme fotos con mis sobrinas y mis cuñadas. Las siento tan hermosas que me siento pequeña a su lado, y grande del orgullo de estar junto a ellas. Me siento, seguramente, como todas las tías del mundo.

Amita

Diaguily y Ali, que marcharon a Senegal a estudiar un oficio, que vivieron en casa de Mamzei, se han casado con chicas jóvenes.
En una cultura de matrimonios concertados y poligamia, con desigualdades a veces enormes en la edad de hombres y mujeres, han podido elegir (o al menos eso parece). 
Diaguily estudió, tiene una empresa y un trabajo que le permite autonomía económica, tener una casa y cubrir las necesidades básicas. A veces son sólo los hombres mayores y/o, los que viajan.. los que pueden ofrecer esta seguridad.

Amita y Diaguily se casaron el año pasado y van a ser padres este otoño. En los momentos de egocentrismo siento que de alguna manera he contribuido a que estén juntos y me siento orgullosa. No sé si ellos lo piensan así, pero bromeo con la idea de que algún rato de alegría me lo dediquen.Siento que es mejor para ella tener un marido joven y atractivo, de voz dulce, como mi sobrino, que ser casada por decisión paterna con un amigo de su padre. Como no hablamos el mismo idioma y no está Sigu, no he podido preguntárselo.

Me siento feliz con el vestido que me regalaron como dote de Amita y que se acordaran de Angelines en el reparto. 

A veces, cuando mis hijos, sus primos, no entienden algo, acude a mí para que se lo traduzca. Pero yo tampoco le entiendo...

Amita ha venido a vivir a la casa familiar. Participa en el reparto de tareas domésticas que nunca llego a comprender del todo y nos hacía muchas veces la comida y la cena. Una noche, cuando un hijo mío estaba tumbado relajado en el banco disfrutando de la noche africana, Amita, que había trabajado todo el día, cuando trajo la comida, le metió un dedo en el ojo. Aún me río cada vez que lo recuerdo.  Ese dedo en el ojo simboliza tantas cosas....

 Estuve visitando a su familia. Es hermana de Ali, hija del molinero, buen amigo de Dabo. Cuando voy a su casa de origen, me entretengo contando las camas que hay en el porche para volver a recordar cuantas mujeres tiene.

Y Amita también es hermosa




jueves, 20 de julio de 2017

Y la tormenta que espere...

En Selibaby hacemos cambio de coche. En la plaza del pueblo esperamos la llegada del todoterreno.
Después, iremos a buscar rueda de repuesto para el viaje. No puede ser antes, tiene que ser cuando ya están los clientes en el coche.

Emprendemos viaje en la oscuridad. Los caminos cambian al ser época de lluvias. No hay carreteras. El conductor cada cierto tiempo baja con el móvil para comprobar si las huellas que seguimos son viejas o recientes.

Avanzamos y retrocedemos. Preguntamos en los pueblos, a los pastores... Como puede haber tanta gente despierta en lo que a mí me parecen lugares aislados.

Al fondo, muy al fondo, se divisa la antena roja de telefonía. Las horas pasan. Los chicos duermen y los adultos, con los ojos muy abiertos, esperamos. Algún comentario.

Suena la tormenta. Relámpagos. Si algo tengo claro en este lugar, y a estas horas, o mejor dicho, lo único que tengo ya claro, es que la tormenta no estallará hasta que yo esté en el refugio de mi casa. Sé el riesgo de que nos sorprenda enmedio de un camino: el no poder seguir, el dormir una noche más en el coche, por ponerme en las mejores posibilidades.

Dos, tres horas. No sé cuando por fin divisamos el pueblo y aparecemos en la puerta de la casa familiar. No la distingo. Ha cambiado. Resulta extraña. Hay una verja nueva.
Por fin, hemos llegado. Va apareciendo la familia. Abrazos y besos extraños. Saludos.

En el porche de mi casa duerme alguien. Esperaba encontrarme todo tal como lo dejé hace tres años y la siento extraña. No sé cómo abrimos la puerta y aparecen camas, colchones. Yo quiero dormir en el porche. Cuando ya me tumbo en lo que me parece la mejor cama del mundo, cae la lluvia con toda su fuerza. Me tapo con las sábanas y siento hasta frío, como si la predicción del tiempo de mi padre hubiera atravesado cuatro mil kilómetros para quitarme mis pesadillas sobre el calor. Estamos bien. 

Pregunto por la persona que dormía en el porche, que de repente no está, y más tarde me explican que es el profesor. Hago quizás el único comentario negativo de la jornada, molesta: "pues un poco maleducado, que ni ha saludado".
 - Mayte, recuerda que es sordomudo...